miércoles, 18 de abril de 2012

Salir  del atrincheramiento y hacer política
 
Por: Darsi Ferret
 
 
La recién concluida Cumbre de las Américas fue una buena ocasión para discutir con veracidad el asunto de la oveja negra cubana. Pero se quedó en el tintero. Otra vez se puso en práctica los remanentes de la vieja política trasnochada de la Guerra Fría, para intentar manejar a este díscolo sujeto descarriado en el hemisferio desde hace más de medio siglo.
 
Son numerosas las aproximaciones desajustadas con el obtuso régimen que no da señas de asumir la necesidad de adoptar reformas verdaderas. Por un lado, Estados Unidos con su embargo comercial transformado en una práctica de consuetudinario "jab" para mantener la distancia, y sin efecto pretende aislar al totalitarismo antillano; por otro, la Unión Europea con su frágil valladar de la Posición Común, que no pasa de ser un reproche moral muy comedido hacia la dictadura, mientras permite que desde su zona les hagan llegar solapadamente financiamientos y tecnologías; que decir de los países latinoamericanos, simpatizantes abiertos, disimulados o indiferentes de las violaciones a los Derechos Humanos que a diario pone en práctica el régimen cubano, se desgastan en el intento de ponerle colorete a la única y más vieja dictadura militar del continente, y pujan por recibirla como un invitado más en las reuniones democráticas.
 
Todas estas políticas parecen resistirse al cambio de enfoque y de aproximación a los problemas irresolutos que imponen en la época actual las modernas dinámicas de la Globalización. Sencillamente, el mundo marcha aceleradamente hacia otra fase comunicativa, de interrelación cada vez más profunda y activa entre las naciones. ¿Cómo justificar la insistencia en el aislamiento a la antigua para tratar el caso cubano? Y a la vez, ¿cómo persistir en ver a la dictadura militar cubana como un país común y corriente? La inclusión también va con Cuba, pero no como una nación estable, democrática y en el camino de la integración con el resto del mundo. Hay que incluirla en todas las esferas de interrelación global, pero para esperarla en la puerta con escoba democrática en mano y todo el tiempo que dure cada evento pasarlo dándole escobazos democráticos con ella a los ilegítimos representantes isleños, recordándoles que no son iguales al resto de los presentes y que no se les acepta su constante metedura de forro.
 
Los detentores del poder de la presente Cuba son miembros de una casta depredadora que hace más de medio siglo mantiene secuestrada la soberanía mediante el uso de la fuerza y que ejercen un total desprecio por la voluntad popular. Por tanto, en el marco del escenario nacional, continental y mundial no tienen legitimidad alguna, y esa incómoda verdad hay que reprochársela cada vez que haya oportunidad de hacerlo. Gobiernan a base de intereses y antojos con el único fin de conservar sus privilegios y obligar al pueblo cubano a vivir en la miseria bajo el prisma de su estrechísima visión del mundo. El cubano es un pueblo secuestrado, similar a las victimas que sufren a manos de las FARC u otro tipo de delincuentes. Lo único que acumula es creciente sufrimiento, constantemente arreado hacia la explotación por dictadores que se han adueñado del país y lo utilizan como una finca familiar.
 
Aceptar a la dictadura de los Castro en todos los escenarios políticos no está mal, siempre que no se lleve a la mesa como un invitado más y que se sientan a gusto para desatar sus andanadas de insultos, o ataques contra el sistema democrático que sí ha elegido al resto de los presentes, y convertir esos sitios en tribunas desde donde acusar a su eterno enemigo a muerte, al que sin embargo le compra comida, medicamentos y le suelta el excedente poblacional que no tiene cómo mantener y, para colmo, le acepta subvenciones, los Estados Unidos de América. A esa Cuba que se quiere aparecer en esos sitios hay que tratarla como se merece: como peligroso derrelicto que intenta siempre sabotear el proceso democrático e integrador. Hay que aprovechar todos los encuentros para zarandearla con las verdades que se acomoda en no escuchar.
 
Pese al esquema que parece flotar como certeza de Perogrullo de que el presente gobierno de la Habana no constituye un peligro para la estabilidad del continente, tal como activamente persistiera en serlo antes, la verdad está a la vista. La dictadura isleña ha promovido y promoverá todo tipo de organización regional o gobierno que enfrente al Norte de América con el resto de las naciones del continente, cuestionando o emponzoñando desde dentro de los marcos democráticos de la región, similar a lo ocurrido en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Honduras y Haití. Así también remacha los viejos clichés de desconfianza, odio y temor hacia unos Estados Unidos diabolizados. Se ha visto que esto es algo que parece muy oportuno para personales intereses en determinadas élites gobernantes de América Latina. Por lo cual, comienzan a surgir como hongos en el panorama político del área instituciones sin verdaderos ánimos de integración económica incluyente, sino politizadas como la CELALC, ALBA, UNASUR y otras que deben andar aun cocinandose, francamente exclusivas del miembro más poderoso e influyente, los Estados Unidos, lo que es un absurdo criminal para sus propios pueblos.
 
No obstante, los gobiernos que apoyan estos experimentos, presentados como cumbres de los países del Sur realmente integradoras se autoengañan. La presente debilidad del régimen cubano no le permite hacer su vieja política de intervencionismo armado y subversión violenta, pero la metástasis de su naturaleza destructora del Estado de Derecho sigue viva y se filtra en cancillerías, partidos, instituciones y supuestas políticas nacionales, en donde constantemente intenta poner en práctica la trasnochada intentona de excluir a los Estados Unidos, a nombre de una unidad latinoamericana sin visos de conformación económica real, y donde más bien se ponen en activo viejos rencores y desconfianzas hacia el mayor mercado del mundo en bienes, servicios y proyectos materiales para el desarrollo. Esas acciones irresponsables, practicadas por no pocos gobiernos, ponen bajo una cruda luz los enormes defectos institucionales de las democracias y sistemas políticos del área Latinoamericana.
 
Lo que debe quedar claro es que los actuales y autoproclamados representantes del archipiélago cubano NO representan la voluntad del pueblo, sino a ellos mismos. Y gozan de tal grado de ilegitimidad como el que tuvieron en su momento Trujillo, los Somoza, Duvalier, Pinochet, Velazco Alvarado, los generales de la junta militar argentina y todo el resto del club de los regímenes que se han encargado de estrangular el respeto a las libertades y derechos fundamentales de sus pueblos.
 
* Médico disidente cubano.
@darsiferret
 

martes, 17 de abril de 2012

Audios revelarían negociación con senderistas

Tras la liberación de 36 trabajadores del proyecto Camisea, en Cusco - Perú, audios publicados por IDL, revelarían que funcionarios del gobierno peruano y empresarios habrían negociado con los narcosenderistas la liberación de los rehenes. Versión contraria a la manejada por el gobierno de Ollanta Humala.

Aquí el reporte:

La negociación



En exclusiva, los audios de las negociaciones por radio, día a día, entre los secuestradores senderistas y los funcionarios de las compañías extorsionadas.


Martes, 10 de abril

El segundo contacto tuvo lugar el martes, a través de uno de los trabajadores secuestrados, Abraham Valle. Los senderistas utilizaron a Valle como intermediario para indicar a Skanska que sus ‘requerimientos’ (supuestamente el dinero y el material explosivo que pedían) debían ser enviados en un helicóptero piloteado por un civil. Ello no se concretó.

El miércoles no hubo comunicación.

Jueves, 12 de abril

Ese día, la retomada negociación se dio entre un enojado senderista que se presentó como representante de Abraham Valle, y un nuevo interlocutor de las empresas que se identificó como ‘Luis’.

Mientras el senderista le exigía al vocero de Skanska y Construcciones  Modulares  que atiendan sus demandas porque de lo contrario todo terminaría “con sangre”, ‘Luis’ insistió en conversar con alguno de los rehenes para garantizar que estuvieran con vida. Ambos acordaron retomar la comunicación a las 5 y 30 de la tarde para que ‘Luis’ pudiera conversar con alguno de los trabajadores.

“Luis: (…) Aquí Luis…

Senderista: Aquí el representante de Abraham,  representante de Abraham.

Luis: Aquí Luis… ¿Con quién hablo, por favor?

Senderista: ¿Cómo va a ser esto? Nosotros queremos la respuesta, la respuesta, la respuesta. ¿Cómo va a ser? Porque ustedes están metiendo a la Policía, a la Fuerza Armada. (…) Aquí los hermanos quieren la respuesta.

¿Van a cumplir o no van a cumplir? Si ustedes quieren terminar en sangre no hay ningún problema. Aquí su personal está sin novedad.

Luis: Nosotros acá tenemos toda la mejor intención, necesitamos que respeten la vida de la gente. Eso es importante.

Senderista: No se le copia.

Luis: Necesitamos saber cómo está la gente.

Senderista: No se le copia. Queremos la respuesta parta terminar este asunto sin ningún problema. Porque si ustedes como tal actúan, esto va a proseguir. Nosotros no nos hacemos ningún problema, pero nosotros no queremos eso.  Queremos terminar a maneras. Y queremos la respuesta. ¿Van a hacerlo o no van a hacerlo?

Luis: Podemos conversar, no hay ningún problema, pero queremos saber cómo está nuestra gente. Quiero conversar con alguno de ellos. ¿Me escuchaste?
(…)
Pásame con alguno.

Senderista: Están lejos, lejos. Sería a las cinco y media.

Luis: Ya, está bien. A esa hora volvemos a conversar. Necesito saber que todos están bien. Y conversamos y nos ponemos de acuerdo.

Senderista: Porque nosotros queremos la respuesta, la respuesta. ¿Van a cumplir o no van a cumplir? ¿o van a cumplir todo o la mitad? ¿Cómo es? Si ustedes actúan de esta manera, con la Policía y la Fuerza Armada, nosotros no tenemos ningún problema. Si quieren terminar con sangre, no tenemos ningún problema”.

Por la tarde, cuando ‘Luis’ entró nuevamente en comunicación no obtuvo respuesta. Del otro lado, se escuchó solo algunos silbidos.


Viernes, 13 de abril

Ese día, los senderistas abrieron la comunicación y pusieron a  Abraham Valle como interlocutor de ‘Luis’.  Este empieza la conversación con preguntas para confirmar que, en efecto, se trata del verdadero Abraham Valle.

Luis: Abraham, Abraham, ¿me copias?, contéstame.

Abraham: Te copio, te copio, cambio.

Luis: Abraham, ¿cómo estás? Te saluda Luis. Soy el representante de las empresas para conversar con ustedes. Cuéntame, cómo te encuentras.

Abraham: Nos encontramos bien, las 36 personas nos encontramos bien.

Luis: Abraham, quiero hacerte una consulta antes de continuar la conversación, dime, ¿de dónde eres tú? ¿Me escuchaste? Por favor, contéstame, quiero preguntarte algunas cositas. Te pregunto, ¿de qué parte del Perú eres tú?

Abraham: Sullana, Piura.

Luis: Abraham, perfecto. Queremos proporcionarles toda la ayuda del caso, queremos saber si están en condiciones de recibir apoyo de víveres, medicinas y lo que pudiéramos alcanzarles.

Abraham: Somos 36 personas acá y mi posición es que no podemos negociar.

Luis  : Yo sé que tú no puedes negociar estas cosas, necesito conversar con alguna persona más, necesito saber cómo se encuentran todos.

Abraham: Ya te lo dije, todos estamos bien.

Luis: Abraham,  te voy a alcanzar un número para que me llames, un número celular, te lo indico [le da el número]…  Abraham, te repito el número, voy a esperar tu llamada, por aquí no se escucha bien… No podemos conversar por este medio, porque la conversación es difícil…

Después de esta conversación no se registró otra comunicación radial. Al parecer, las negociaciones continuaron por teléfono celular. Al día siguiente, a las 4 de la madrugada, todos fueron liberados.

lunes, 16 de abril de 2012

El reino de la amoralidad política

Por: Carlos Alberto Montaner


(Firmas Press) Hoy la amoralidad corre por cuenta de los latinoamericanos. Quienes antes, justamente, criticaban a Estados Unidos por abrazarse con los dictadores durante la época de la Guerra Fría, y por negar fuera del país los principios y valores que sostenían dentro de él, hoy están haciendo exactamente eso mismo.

Esto es lo que se observa en gobernantes como el ecuatoriano Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales cuando respaldan la satrapía criminal siria de Bachar al Asad, condenada por la ONU, e ignorada por el Brasil de Dilma Rousseff, como poco antes echaron pie en tierra por la de Gadaffi.

Esta actitud, o una variante de ella, es la que asombrosamente prevalece en las propuestas del colombiano Juan Manuel Santos, más preocupado en restaurar las buenas relaciones entre la dictadura de los Castro y Estados Unidos, que en condenar los excesos de esa tiranía y ayudar a sus víctimas.


Ese es el espíritu que recorre la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, creada recientemente no solo para excluir de ella a Canadá y Estados Unidos, sino para no tener que sujetarse al rigor de un compromiso democrático que obligue a sus miembros a defender la libertad y condenar las violaciones de los derechos humanos.

Esa es la triste atmósfera que se respira en Cartagena en estos días en que se reúne la VI Cumbre de las Américas, pese a que en la de Quebec, celebrada en el 2001, se fijó un marco moral y político que tomaba en cuenta los valores democráticos, hoy lamentablemente ignorados por muchos gobernantes latinoamericanos.

Durante más de cuarenta años los políticos norteamericanos eligieron la seguridad nacional por encima de las consideraciones morales. Era la lógica de la Guerra Fría. Casi cualquier cosa resultaba mejor que un triunfo de los comunistas o de algún gobernante que les abriera la puerta.

Los espadones, si se comportaban como genuinos anticomunistas, eran respaldados por Washington aunque violaran sistemáticamente los derechos humanos y civiles de sus compatriotas. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo, aunque sea un sinvergüenza,” es un vil proverbio que se encuentra en todas las lenguas.

La izquierda y muchos demócratas consecuentes bramaban contra esa disonancia norteamericana. La más vieja y próspera democracia moderna del planeta, paladín de la libertad, debía ser congruente con sus ideales. Era un acto de cinismo defender esos valores en Estados Unidos y abrazarse con dictadores desalmados en el resto del mundo. Los políticos norteamericanos lo sabían y se excusaban alegando que se trataba de un mal menor. Ni siquiera estaban ante un dilema nuevo: durante la Segunda Guerra habían sido aliados de Stalin para combatir a Hitler.

Pero en 1991 terminó la Guerra Fría. Ya se podía escoger a los amigos escrupulosamente. El rigor moral había dejado de ser peligroso. Mientras tanto, en América Latina ocurrió un fenómeno paralelo a la disolución del bloque comunista. Entre 1983, cuando terminó la dictadura militar argentina, y 1990, cuando le tocó el turno a la chilena, todos los gobiernos latinoamericanos, menos Cuba, fueron el resultado de las urnas.

A partir de ese punto, los organismos que surgieron incorporaron una cláusula democrática: sólo podían pertenecer las democracias plurales en las que se respetaban los derechos humanos y civiles de los pueblos. Eso es lo que se lee en los documentos fundacionales del Grupo de Río, y de MERCOSUR.
Finalmente, el 11 de septiembre del 2001, mientras ardían las Torres Gemelas en Nueva York, todos los miembros de la OEA firmaban en Lima la Carta Democrática. Era la apoteosis de la coherencia ética. Nunca más se recurriría al cínico doble estándar de defender la democracia en casa y abrazarse a las dictaduras fuera de ella.

Mentira. Hoy, sin ningún pudor, casi todos los países latinoamericanos han dejado de defender la libertad y los atributos de la democracia liberal. El chavismo hace y deshace en Venezuela y a nadie le importa. Correa o Evo Morales conculcan los derechos fundamentales en Ecuador y Bolivia y ningún gobernante latinoamericano los censura. La dinastía militar cubana reprime ferozmente y los países “hermanos”miran a otra parte. Daniel Ortega se roba las elecciones parciales en Nicaragua y corrompe y adultera las generales, y no hay una voz que lo condene.

América Latina es hoy el reino de la amoralidad política. Todo vale.
Dos enfoques sobre la cultura kirchnerista

Por: Nicolas Márquez.


“No vamos a pagar la deuda a costa del hambre del pueblo” (Néstor Kirchner, mayo 2003); “Hemos depositado los fondos en la Reserva Federal de los Estados Unidos” (Néstor Kirchner, en la Conferencia Cumbre de las Américas en Monterrey, enero 2004); “Hoy podemos decir que le pagaremos al FMI toda la deuda antes de que termine el año” (Néstor Kirchner, octubre 2005); “El dinero estaba guardado en un placard. No tengo caja fuerte, por eso lo dejé ahí” (Felisa Miceli, Julio 2007); “El tren bala funcionará en tres años y no es sólo una obra pública con altísima tecnología, sino que estamos dando un salto importante hacia una Argentina distinta” (Cristina Kirchner, enero del 2008); “Eskenazi es un patriota y además es inteligente” (Cristina Kirchner, octubre 2008); “Como en las peores etapas del 55 y del 76 salen como comandos civiles y grupos de tareas, para agredir a los que no piensan como ellos, en forma vergonzosa” (Néstor Kirchner, en alusión a los a los campesinos durante la crisis por las retenciones de la resolución 125, julio 2008); “La inseguridad es una sensación” (Aníbal Fernández, febrero 2009); “Antonini Wilson jamás estuvo en la Casa Rosada” (Aníbal Fernández septiembre del 2009); “Néstor Kirchner no se enriqueció ilícitamente” (Juez Norberto Oyarbide, 20 diciembre 2009); “La carne de cerdo mejora la actividad sexual; mejor que el Viagra” (Cristina Kirchner, enero 2010); “No hay inflación sino un reacomodamiento de precios” (Amado Boudou, febrero 2010); “No sé ni lo que es un troquel de medicamentos” (Hugo Moyano, noviembre 2010); “La inflación es algo que sólo afecta a la clase media y la clase media alta” (Amado Boudou, noviembre 2010); “La Argentina es uno de los países más seguros de la región” (Héctor Timermann, marzo 2011); “En nuestra gestión hicimos 800 mil viviendas, el Estado recuperó ese rol indelegable” (Cristina Kirchner, junio 2011); “No le robé un mango a nadie con la construcción de viviendas” (Sergio Shocklender, septiembre 2011); “Los hijos de la señora de Noble provenían de la apropiación de los nietos nuestros” (Estela Carlotto, julio 2011); “La inflación del 2011 fue del 9,5 (informe anual del INDEC); “Emitir billetes no genera inflación” (Mercedes Marcó del Pont marzo, 2012); “No conozco a Vanderbruole” (Amado Boudou, abril 2012)

Este brevísimo e incompleto cúmulo de célebres pensamientos y aforismos textualmente transcriptos de los mas altos referentes de la cultura kirchnerista merece dos interpretaciones posibles acerca de la naturaleza de este singular movimiento político y gubernamental.

Una es la que ofrece Página 12 y los medios oficiales, la cual nos dice que  el kirchnerismo es una corriente de pensadores y dirigentes comprometidos tenazmente con una causa filosófica y política que, la cual más allá de eventuales imperfecciones, defiende con honestidad intelectual, coherencia y perseverancia una redentora causa nacional y popular.

Un enfoque alternativo podría decirnos que en rigor de verdad, el kirchnerismo no es más que una verdadera pandilla de protervos. Es decir, una ominosa recua integrada mayormente por caraduras y saqueadores que se enriquecen a cuatro manos lucrando con el Estado en el marco de negociados espurios y que encima nos toman por idiotas al mentirnos sin sutileza alguna con llamativa desvergüenza.

¿A Usted cual de ambos enfoque le resulta más convincente?.


* Escritor y periodista argentino. Director de La Prensa Popular.
@NickyMarquez1




jueves, 12 de abril de 2012

Yusnaimy: el rostro de esperanza que vence a la opresión

Por: Bertha María Carrillo *

En reconocimiento, cariño y gratitud a mis queridos amigos Yus, Darsi y Dariel.

El día que recibí un e-mail de Darsi Ferrer informando que su esposa y fiel compañera Yusnaimy Jorge y su pequeño hijo Dariel abandonaban Cuba, sentí un alivio por los amigos que conocí en el 2008, porque dejarían aquella tierra suya tan maravillosa y a la vez demasiado hostil debido a un régimen tirano.
¿La dictadura aflojó su asesina mano para que al fin Yusnaimy pudiera viajar a someterse a los tratamientos que su salud precaria demandan? O es que, fiel a su estilo, pretendía mantener alejadas a aquellas voces discordantes y valientes que se atreven a denunciar el terror y la muerte?
Emocionada llamé a mi amiga caribeña. Al otro lado del teléfono me respondió una voz tímida, al reconocerme, la voz se tornó amigable y vivaz. Era ella. La joven esposa de uno de los líderes más importantes de la disidencia cubana. Aquella mujer que hace 4 años me abrió las puertas de su hogar y me apoyó fervorosamente, junto a su esposo Darsi, a grabar el documental que me llevó a Cuba por esos años y que me permitió conocer y dar micrófono a valientes cubanos como los Ferrer – Jorge, la desaparecida Laura Pollán, Berta Soler, Jaime Leygonier, Manuel Cuesta Morúa, Fernando Sánchez, entre muchos otros honorables anfitriones de nuestra aventura por la libertad de la isla.
Mezcla de sentimientos. Alegría por nuestra conversación, porque el paso que dieron es positivo para ellos, pero a la vez con una profunda tristeza por sus percepciones que prosiguen al viaje.
“Aún me encuentro en shock. Dar este paso ha sido difícil para nosotros. Dariel se siente solo y yo, perdida. Me encuentro abrumada por la realidad tan distinta a la que vivimos en Cuba. Salgo al supermercado y me marea la cantidad de cosas, de alimentos, de olores. Hasta hace una semana no teníamos nada que comer. Ahora mismo mi familia, mis amigos y la mayoría de cubanos mueren de hambre”.  Es la primera reacción de Yusnaimy ante su nueva vida, ante la abundancia a la que no está acostumbrada, porque la dictadura los obliga a vivir en carencia y miseria.
Su actitud es natural y comprensible. Los cubanos llevan 53 años con la prohibición de comer productos como carne o langosta, incluso bajo la pena ir presos. Pero, aunque no existiera la demencial prohibición, un cubano de a pie no tendría medios económicos para abastecerse de los productos de primera necesidad.
Cada vez más paupérrimos, echan mano –cuando pueden- de lo que les ofrece el “mercado negro”, que se ha convertido en una institución abastecedora extra oficial. Las bodegas de las que se vale el régimen para “abastecer” a los cubanos, yacen vacías y sin esperanza.   
Transcurría la conversación entre emociones encontradas. “Al despedirme de Darsi  y mi familia, en La Habana, yo estaba muy fuerte. Pero una vez que el avión despegó se oprimió mi pecho y lloré mucho. Veía como mi gente se quedaba sufriendo por nuestra patria”, comenta Yus.
Pienso que no hay sentimiento más doloroso que abandonar tu tierra obligado por la inclemencia de los asesinos que se alzaron en el poder y que avasallan los derechos individuales y colectivos de tu nación.
“Nos tenían muy ajustados. La represión hacia nosotros incrementó y si cuando nos conocimos  -nosotros en el 2008- apenas teníamos para comer, estos últimos años hemos vivido casi de limosnas. Darsi es un hombre de muchos principios y jamás vendería su alma por un plato de comida. Por eso vivimos situaciones extremas, de mucha desesperación,  ¿cómo le dices a tu niño que no tienes nada para alimentarlo, cómo lo dejas sin comer?. Es muy doloroso”, se lamenta mi joven amiga.
Tras una vida de angustia y restricciones Yusnaimy y Dariel están probando lo que es vivir en libertad. Aún les cuesta adaptarse a una vida normal: comer cuando tienen hambre, conversar con libertad, hablar por teléfono y tener internet ilimitado desde su dispositivo móvil. Pero con la fuerza que los caracteriza saldrán adelante en un país que ahora les ofrece otra vida, como ciudadanos libres.
“Nuestra lucha por la libertad de Cuba continúa. En ella creemos, por ella hemos luchado hasta los golpes. Nuestras fuerzas continúan con nuestra patria y nuestros hermanos”.

*Presidenta del Centro para la Libertad y el Desarrollo – CLD Perú

@BmariaCarrillo

http://www.cldperu.org

martes, 10 de abril de 2012

Venezuela, Colombia, Cuba y Honduras permanecen en la "lista negra" de la CIDH


En el informe presentado este año por la CIDH, Venezuela, Colombia, Cuba y Honduras permanecen en la “lista negra” de los países americanos que deben mejorar en el respeto a los derechos humanos de sus ciudadanos.

El Capítulo IV de dicho informe, presentado este lunes ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y que se refiere a 2011, nombra cada año a los Estados donde el respeto a los derechos humanos merece la "atención especial" del organismo.

Los cuatro Estados incluidos en el capítulo son los mismos que en el informe de 2010, según el texto presentado por el presidente de turno de la Comisión, el mexicano José de Jesús Orozco Henríquez.

En el caso de Venezuela, las críticas llegan apenas una semana después de que este país denunciara abiertamente que la CIDH es "parcial" y amenazara con abandonarla, durante una audiencia correspondiente al 144 periodo de sesiones del organismo.

Su inclusión en el Capítulo IV se debe a "situaciones estructurales" como las modificaciones normativas para ampliar el poder del Ejecutivo de Hugo Chávez, la "fragilidad del poder judicial y su falta de independencia e imparcialidad" y el "uso abusivo del derecho penal", según el texto.

Respecto a la libertad de expresión en el país, la CIDH denuncia el "clima de estigmatización hacia quienes defienden una línea crítica de las acciones del Gobierno", y enumera las agresiones a periodistas, los procesos penales contra los medios, y la prohibición de contenidos que ha observado durante el año 2011.

Colombia, por su parte, entra en la "lista negra" por violaciones relacionadas en su mayoría con la permanencia del crimen organizado en el país.

CIDH preocupada por la consolidación de nuevos grupos armados

En este sentido, la Comisión se muestra preocupada por los "reductos no desmovilizados de las estructuras paramilitares" y la consolidación de nuevos grupos armados, junto a las ejecuciones extrajudiciales cometidas "presuntamente por miembros de la Fuerza Pública" y las escasas condenas por esos hechos.

Según indicó Orozco en su discurso de presentación, el Estado colombiano "ha emprendido esfuerzos dignos de reconocimiento", entre ellos la aprobación, en junio de 2011, de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.

La CIDH valora la firma de esa ley, pero cree necesarias más medidas que fomenten la "restitución efectiva de tierras", dada la persistencia de la violencia.

En cuanto a Cuba, la Comisión considera que en 2011 persistieron en el país las "restricciones a los derechos políticos, de asociación, a la libertad de expresión" y de movimiento, la ausencia de elecciones y la "falta de independencia del poder judicial".

Entre otras medidas, la CIDH insta al país a declarar nulas las condenas contra los disidentes condenados en la llamada "Primavera Negra" de 2003 y a eliminar de su Código Penal las figuras de la "peligrosidad" y la "especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos".

Por último, la Comisión cita a Honduras por sus problemas estructurales de "justicia, seguridad y discriminación" que "se agudizaron" tras el golpe de Estado de 2009, año en el que el país centroamericano fue incluido por primera vez en este capítulo.

Impulsan las investigaciones de casos pendientes

El informe recomienda al Gobierno hondureño mejorar el "acceso a la justicia", impedir "que los cuerpos ilegales actúen impunemente al margen de la ley" e impulsar investigaciones independientes sobre los asesinatos a defensores de derechos humanos, entre otras.

Los cuatro países saben que han sido incluidos en el Capítulo IV desde el pasado 22 de noviembre, cuando la CIDH les envió el borrador del informe, aunque sólo Colombia y Honduras han respondido con sus observaciones, según el documento.

El informe anual revela también que la Comisión recibió en 2011 un total de 1.658 peticiones de mediación, de las cuales aceptó y procesó 262.

El país que más peticiones envió fue Colombia, con un total de 342, seguido de México, con 273, Perú, con 180, y Argentina, con 159.

Entre las solicitudes aceptadas, Colombia se sitúa también a la cabeza, con 65, seguido de Argentina, con 40; Perú, con 33, y México, con 23.
 
Publicado el 09 Abril 2012
Fuentes: EFE
 
Leer más en: http://ht.ly/abe3O
 

sábado, 7 de abril de 2012

La Cuba que Camila Vallejo no quiso ver

Por: Yoani Sánchez

La bloguera cubana Yoani Sánchez buscó sin éxito a Camila Vallejo en La Habana, durante la visita oficial en la que la dirigenta estudiantil se reunió con Fidel Castro. "La chilena se veía aún envuelta en el glamour que siempre la acompaña, pero sometida al protocolo encartonado y obediente de su contraparte cubana. Curiosa paradoja, de la postura antihegemónica en su país, Camila pasaba a compartir la palabra y la sonrisa con la hegemonía del pensamiento oficial cubano", escribe la periodista en esta crónica.


El timbre del móvil sonó nervioso y yo di un salto en la silla. Llevaba más de una semana con el servicio telefónico prácticamente interrumpido y de pronto aquel pequeño artilugio de teclas y pantalla daba una señal de vida. "Camila Vallejo llegará mañana a La Habana", me dijo una voz al otro lado de la línea y colgó. Después de los días vividos durante la visita de Benedicto XVI a Cuba, confieso que la noticia del nuevo arribo no me provocó muchas expectativas. Aun tratábamos de completar los reportes de detenidos durante las jornadas papales y la sala de mi casa era un hervidero de amigos contando historias de calabozos y arrestos domiciliarios. La vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) llegaba en un mal momento, alcancé a pensar. Pero después caí en cuenta que recién comenzaban los festejos por el 50 aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas y todo empezó a ganar sentido. Las dos islas en las que habito se mezclaron en mi cabeza: la Cuba de las celebraciones oficiales con sonrisas y consignas y, la otra, la de disidentes metidos a la fuerza en un auto e impedidos de llegar a una misa católica.

Seguirle la pista a Camila Vallejo una vez llegada a nuestra capital iba a ser difícil, casi imposible, lo sabía de antemano. Por un lado estaba el círculo de protección -y control- que la rodeaba a ella y por otro las "largas sombras vigilantes" que me siguen a mí a todas partes.
Para hacerlo más difícil, los eventos incluidos en su agenda ocurrirían en el interior de instituciones educativas o políticas, donde el público es cribado entre los más confiables. Así que Camila y yo transitábamos por dos dimensiones que pocas veces se tocan, por dos mundos separados e incomunicados, entre los cuales todos los puentes han sido dinamitados. Pero quedaba al menos un terreno donde algún tipo de diálogo sería posible. Tomé mi teléfono móvil, el mismo que había vuelto a la vida sólo unos días antes. Escribí un pequeño mensaje de texto y lo mandé al número de servicio de la red social Twitter, camino accidentado y a ciegas que usamos numerosos cubanos para narrar la isla en trozos de 140 caracteres. "Como me gustaría hablar con @Camila_Vallejo pero el cerco oficial alrededor de ella es inexpugnable", rezaba mi breve trino hacia el ciberespacio.

Para ese entonces ya dos hombres de camisas a cuadros me habían impedido acercarme al Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde se presentaba su libro Podemos cambiar el mundo. Al aproximarme uno de ellos me interpeló: "Piérdete, que aquí no vas a poder entrar".

Confirmé entonces que no habría peluca rubia ni bigote tupido que me sirviera para camuflarme y colarme en el local. Me resigné.

Unas horas antes de que mi tweet apareciera en la gran telaraña mundial, Camila Vallejo compartía con un grupo de jóvenes de la Universidad de Ciencias Informáticas. Rostros sonrientes, aplausos y admiración recibieron en oleadas tanto ella como Karol Cariola, la secretaria general de las juventudes comunistas chilenas.

En el auditorio decenas de jóvenes prestaban una muda atención a sus historias sobre la situación de la educación en Chile, las demandas escolares y los detalles de las protestas en las calles. Una Federación Universitaria que no ha podido organizar una sola marcha espontánea en 53 años, oía las anécdotas de asfalto y huelga que les llegaban desde el sur.
Entre quienes escuchaban estaban -sin dudas- las mayores promesas informáticas de nuestro país, pero también los policías tecnológicos que rastrean la web. Allí estaba la crema y nata de la llamada "Operación Verdad" que se encarga de denigrar en internet a quienes tienen opiniones contrarias al sistema y atacan sitios críticos al gobierno de la Isla.

Camila y Karol platicaban frente a nuestros soldados virtuales, ante nuestros antimotines del pensamiento. Esos que no usan balas de gomas, sino insultos, no lanzan chorros de agua sino estigmatización e injurias sobre el desamparado inconforme.

El resto de los encuentros terminó por marcar el carácter estrictamente oficial de la visita de la carismática Camila Vallejo a nuestra patria. Intercambió opiniones y abrazos con la secretaria general de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, la más gris entre todos los obedientes dirigentes que ha tenido esta organización.

La chilena se veía aún envuelta en el glamour que siempre la acompaña, pero sometida al protocolo encartonado y obediente de su contraparte cubana. Curiosa paradoja, de la postura antihegemónica en su país, Camila pasaba a compartir la palabra y la sonrisa con la hegemonía del pensamiento oficial cubano.

También estrechó las manos del actual presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, Carlos Alberto Rangel, quien ostenta el triste papel de no representar los intereses del estudiantado frente al poder, sino a la inversa.

De manera que el dirigente de una organización sin autonomía se tomó la foto junto a la prometedora figura que en 2011 sacudió la realidad de Chile y levantó a su paso fuertes simpatías y antipatías en el resto del continente y del mundo.

La FEU cubana trataba de esa manera de sacar partido a la aureola irreverente que acompaña a Camila Vallejo, consciente de que la desobediencia es una postura que hace cinco décadas no resuena sobre la amplia escalinata de la Universidad de La Habana.
Cada estrechón de manos que le dieron esos cuadros formados en el oportunismo, fue como un ritual urgente para apropiarse de su imagen de joven rebelde. Sin embargo, siempre que la miraron a los ojos se percataron que de haber nacido ella aquí, hubieran tenido que empujarla -sin clemencia- al exilio, a la cárcel o a la simulación.

En su blog personal, Camila Vallejo había atizado el fuego de la polémica antes de arribar a la mayor de las Antillas. "Cuba no es una sociedad perfecta, ni Chile tiene por qué seguir su camino", dictaminó y esa sola frase ya marcaba una distancia con relación a los más rancios postulados de nuestro discurso oficial. Pero también cometía el error de identificar -como tantos hacen- a nuestra patria con el gobierno que la dirige, a nuestra nación con la ideología en el poder. Camila quiso compartir con sus lectores una reflexión "sobre lo paradójico que resulta el discurso de quienes critican con tanta rabia a Cuba o a quienes sienten cariño y respeto por ella", sin percatarse que en esa afirmación estaba incurriendo en una confusión tan difícil de extirpar como las raíces del marabú sobre tierra cubana. Los reproches que tanto abundan no van dirigidos a nuestra identidad nacional, ni a las palmas que crecen en las llanuras ni a una cultura que ha dado en los tres últimos siglos escritores, artistas y músicos de dimensión universal. Las opiniones contrarias no van "a por Cuba" sino dirigidas a un gobierno que ha penalizado la discrepancia y ha secuestrado nuestra voz. Si no se desmonta el entuerto de identificar a millones de personas que habitan esta isla con una sola ideología, entonces seguirá ocurriendo la triste situación de que ciudadanos nacidos aquí sean llamados "apátridas" o "anticubanos" por tener opiniones políticas diferentes a las del Partido Comunista.

Para debatir precisamente sobre estas sinrazones y equívocos invité a Camila Vallejo a tomarse un café. Lo hice vía Twitter, porque soy consciente de que intentar dirigirle la palabra en público sería tomado -cuando menos- como un atentado. Pero pasaron las horas y la señal de un posible encuentro nunca llegó.

Una semana antes Benedicto XVI tampoco había accedido a escuchar otras voces de nuestra ilegalizada sociedad civil. Las Damas de Blanco le habían pedido a Joseph Ratzinger un minuto de su tiempo, a cambio el gobierno cubano arrestó a muchas de ellas e impidió salir de sus casas a otras tantas.

Con la recién llegada estudiante de Geografía no era necesario desencadenar una ola represiva al estilo de la ya conocida como "Operación Voto de Silencio", bastaba encerrar a la visitante en un círculo oficial del que no pudiera salirse. La rebelde Camila obedeció esas reglas.

Después supe por la prensa que -al igual que el Papa- ella había estado conversando con Fidel Castro. La habían llevado a ese lugar cuasi secreto y resguardado desde donde el anciano ex presidente escribe sus largos y delirantes textos. El patriarca de la revolución cubana recibía a la joven que por un rato logró contagiarlo con su aura de juventud, de futuro.
El mismo Comandante en Jefe que desmontó todo rastro de independencia estudiantil -atenazándola con controles, informantes y purgas- declaraba su simpatía por las historias de rebeldía que le contaba Camila Vallejo.

El hombre que se destacó en sus tiempos de universitario por su tendencia a la confrontación con el poder, terminó cortando todos los caminos para que los jóvenes de hoy no le hagan lo mismo a él. Quien se desgañitó en sus años mozos gritando "Abajo la dictadura", terminó creando otra e impidiendo las consignas antigubernamentales. Del encuentro con él salió la vicepresidenta de la Fech declarando que "todas las reflexiones que haga Fidel constituyen luz y esperanza para Chile". Quedaba claro que intercambiar ideas y sorbos de café sobre mi mesa ya era un imposible. La Cuba oficial había abducido a Camila Vallejo.

Tomé el móvil nuevamente, mi único e inmediato camino para opinar en un país donde gente como yo nunca tendrá un minuto en la televisión, ni espacio para unas líneas en los periódicos nacionales. Mandé otro mensaje ya sin muchas esperanzas: "Ayer @Camila_Vallejo se entrevistó con Fidel Castro. ¿Tendrá un minuto para jóvenes irreverentes y contestatarios?". Hasta el momento en que escribo estas líneas, no sé si ha podido leerlo o si también ella está sufriendo los problemas de falta de conectividad a la internet que padecemos tantísimos cubanos. Nada más enviar aquella invitación un ring ring frenético resonó en mi bolsillo. Confieso que al instante creí se trataba de una llamada de esa veinteañera de rostro perfecto y hablar apasionado que milita en el Partido Comunista de Chile. Pero en realidad la voz que se escuchaba al otro lado era de una joven desesperada por las detenciones en el Oriente del país. Quería narrarme cómo la policía política allanó la casa de un disidente y se lo llevaron junto a su esposa, varios colegas de lucha y una buena parte de los papeles y libros que encontraron a su paso. Me contó también sobre las tres hijas del matrimonio que quedaron a cargo de la abuela, hasta tanto se sepa si a sus padres los van a procesar por algún delito o sólo es una detención intimidatoria para que desistan de expresarse. La otra Cuba que no le habían enseñado a Camila Vallejo irrumpía en mi teléfono, me reclamaba mayor atención y mayor responsabilidad que el jugueteo periodístico de perseguir a una delegación que sólo se movía por espacios seguros, filtrados. No pude determinar la edad de la mujer que me había llamado y que me describía la ola represiva en Palma Soriano y Palmarito del Cauto. Nunca supe si era mestiza, negra o blanca; joven, madura, vieja… Pero en mis fantasías yo la veía con un aspecto casi perfecto, esculpido con una maestría de escultura griega. Mientras hablaba, yo construía en mi mente unos pómulos y un mentón de revista, una cabellera castaña de sueños, una juventud a prueba de desánimos. Pero un sollozo rompió mis divagaciones, un lloriqueo en la línea telefónica deshizo aquella cara de proporciones perfectas y me enfrentó al semblante descompuesto de la Cuba real. ¡Cómo hubiera querido que Camila Vallejo también lo hubiera visto!


lunes, 2 de abril de 2012

Los millonarios gastos de Chávez en Cuba

La oposición venezolana cifró en 300 mil dólares diarios los gastos del bolivariano en la isla. Además de los costos por su tratamiento contra el cáncer, la suma se abulta por las 200 personas que integran su comitiva.


Setenta y dos horas después de que retornara a Venezuela tras cinco días en la isla, Hugo Chávez recorrió nuevamente los 2.156 kilómetros que separan a Caracas de La Habana para someterse a la segunda fase del tratamiento de radioterapia que recibe en su “dura batalla” contra el cáncer. Mientras, la oposición continúa con las denuncias de los cuantiosos gastos que conlleva que el boliveriano gobierne desde la isla.

"Me aferro a Cristo, no es tiempo de morir, es tiempo de vivir para seguir viendo la vida de la patria nueva, la patria buena", afirmó Chávez al concluir su mensaje de radio y televisión minutos antes de dirigirse hacia el aeropuerto rumbo a Cuba, el sábado 31 de marzo.

"Pido a Dios y a Cristo redentor, nuestro Señor, me ayuden, además del amor del pueblo, a vencer también esta batalla para seguir viviendo junto a ustedes muchos años más", sostuvo el bolivariano, quien desde que se le detectara el tumor cancérigeno en junio pasado, lleva 74 días no consecutivos en Cuba sin delegar sus funciones.

Chávez señaló, además, que estará de regreso en Venezuela "el miércoles o el jueves". también confirmó que necesitará cinco sesiones de radioterapia.

El diputado opositor Carlos Berrizbeitia denunció que Chávez, junto a su comitiva integrada por más de 200 personas, entre asesores, periodistas oficialistas, ministros, familiares y casa militar, genera un gasto diario al Estado venezolano de entre 200 mil y 300 dólares.

“Chávez tiene que justificar por qué no ha delegado temporalmente su cargo y por qué está gastando esta inmensa cantidad de dinero en algo innecesario y que, además, es inconstitucional”, señaló Berrizbeitia a la prensa.

"Nosotros no criticamos los costos provocados por la enfermedad, sino los gastos por ejercer el gobierno desde La Habana", expresó el dirigente, quien es uno de los tantos que exige la delegación temporal de los poderes al número dos venezolano, Elías Jaua.

“Chávez tiene dos enfermedades. Una es lastimosamente cáncer y la otra, una enfermedad de poder que no le ha dejado ceder ni siquiera para un tiempo que necesita su cuerpo para restablecerse y no ha confiado ni siquiera en la sombra de su vicepresidente y sus amigos más cercanos”, sostuvo.


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domingo, 1 de abril de 2012

Lo que el Papa vio en Cuba

Por: Carlos Alberto Montaner

Cientos de millones de personas vieron al Papa en Cuba, oyeron sus discursos y contemplaron lo que allí sucedió. Cada uno de esos testigos, como es natural, percibió la visita de manera diferente. Ahora lo interesante es saber cuál fue la percepción del Papa y de su entorno. Esto es lo que he podido averiguar por medio de fuentes eclesiásticas (y otras) que desean mantenerse en total anonimato. Algunas de esas fuentes estuvieron muy cerca del Santo Padre.


Primero. A Benedicto XVI le sorprendió el inmenso contraste entre el recibimiento mexicano –alegre, libre, multitudinario y espontáneo–, en medio de una ciudad viva y económicamente vibrante, y las crispadas ceremonias cubanas, evidentemente controladas por la policía política, celebradas en un país empobrecido hasta la miseria, precedidas por centenares de detenciones. El espectáculo horrendo de un joven salvajemente golpeado por un policía disfrazado de camillero de la Cruz Roja le tocó el corazón al Papa y se interesó personalmente por su destino. Al fin y al cabo, el pobre hombre sólo había gritado “abajo el comunismo”, versión popular de lo que él mismo había dicho al salir de Italia cuando declaró que el marxismo era una ideología fracasada a la que había que enterrar.

Segundo. Al Papa y a su séquito les pareció lamentable que Raúl Castro pronunciara en Santiago de Cuba el clásico discurso estalinista de guerra fría con que intentaba justificar la dictadura. Esperaban un mensaje de cambio y de esperanza, no de reiteración de las líneas maestras del régimen. Ese texto, junto a los discursos que pronunciaron el canciller Bruno Rodríguez y el vicepresidente a cargo del sector económico, Marino Alberto Murillo, los convencieron de que Raúl Castro está mucho más interesado en mantenerse anclado en el pasado que en preparar un futuro mejor para los cubanos.

Tercero. Comprobaron, con dolor, que la petición del anterior Papa, Juan Pablo II, durante su visita de hace 14 años, encaminada a que los cubanos perdieran el miedo, había sido inútil. Salvo unos cuantos centenares de demócratas de la oposición, permanentemente acosados y golpeados, y a veces encarcelados, ésa es una sociedad podrida por el miedo. Pero la manifestación de miedo que más les intrigó no fue la de los opositores, sino la de los aparentes partidarios. Conocieron muy de cerca el doble lenguaje y eso los aterró. Cuando hablaban a solas con los funcionarios, estos se manifestaban abiertos, tolerantes y deseosos de reformas profundas que abarcaran el terreno político. Uno, en privado, hasta llegó a admitir que eran necesarios el multipartidismo y las elecciones libres para que la sociedad realmente avanzara hacia la modernidad, aunque los comunistas perdieran el poder. Pero, tan pronto se sumaba otra persona a la conversación, o aparecían los periodistas, retomaban el discurso ortodoxo más inflexible y estalinista, repitiendo el guión oficial sin excluir una sola coma. Era un espectáculo muy penoso.

Cuarto. El Papa y su comitiva confirmaron lo que ya intuían: la Iglesia cubana está escindida en dos líneas clarísimas: la del cardenal Jaime Ortega, contemporizador hasta el extremo colaboracionista de pedirle a la fuerza pública que desalojara un templo ocupado por unos feligreses que deseaban protestar contra la dictadura, a sabiendas de que serían detenidos y seguramente maltratados, y la de obispos como Dionisio García Ibáñez, quien fue ingeniero antes de ordenarse como sacerdote, mucho más firme en su rechazo al régimen cubano. Mientras Jaime Ortega se queda en el ámbito de la compasión por algunas víctimas del gobierno (evidentemente no de todas), Dionisio (aun cuando sigue siendo amigo del Cardenal) y otros sacerdotes, como el famoso cura José Conrado Rodríguez, párroco en una iglesia de Santiago de Cuba, están convencidos de que no habrá alivio ni reconciliación entre los cubanos hasta que ese régimen no sea pacíficamente sustituido por una verdadera democracia que tome en cuenta las opiniones de toda la sociedad y no solamente las de un puñado de ultracomunistas enredados en las telarañas del pasado.

Quinto. El Papa comprobó que su contemporáneo Fidel Castro –tienen la misma edad– está en peores condiciones físicas y mentales que él. Encontró a un ancianito físicamente desvalido, mentalmente errático y con graves dificultades para comunicarse. Está liquidado. El Papa, que es un hombre bueno, oró por él. Ésa es la costumbre cristiana.

*Periodista y escritor.

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