martes, 27 de marzo de 2012

En el moridero del comunismo

Por: Gina Montaner

Desde que se anunció la gira de Benedicto XVI, de inmediato el Vaticano señaló que sólo se trataría de un viaje pastoral para promover la evangelización en países donde el catolicismo está en baja por la crisis de fe, la creciente popularidad de otras religiones y por las graves acusaciones de pederastia que han plagado a esta institución en los últimos años. Sería un peregrinaje de relaciones públicas.

Así se explica que, a su paso de puntillas por la nación azteca, el Pontífice no recibiera a las víctimas del desaparecido sacerdote Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Y antes de partir a Cuba para unirse al entourage papal, el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, puntualizó que la visita era de carácter pastoral y no con tintes políticos. Había que disipar cualquier especulación en torno a una posible reunión con la oposición. Una disidencia que horas antes de la llegada del Papa estaba sufriendo arrestos y que, tal y como me dijo telefónicamente Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, teme no poder acceder mañana a la homilía en La Habana.

Sin embargo, es evidente que todo lo que tiene que ver con la Iglesia encierra misterios que hay que descifrar como el Código Da Vinci. La primera pista la facilitó su Santidad en el avión, al declarar que el marxismo es un experimento fallido y condenado a la extinción. Era el Pastor hablándole al rebaño de modelos políticos fracasados.

Ahora que Benedicto XVI se encuentra en suelo cubano, está claro que además de transmitir un mensaje de esperanza, la misión subliminal es darle la extremaunción al régimen con la anuencia de la gerontocracia castrista. Ratzinger ya ha adelantado que se trata de dar un empujón hacia el futuro a una sociedad que necesita ser enmendada. De ese modo Fidel, Raúl y el resto de la decrépita nomenclatura pueden despedirse de este mundo sin pasar por el banquillo de Nuremberg. Algo de lo que seguramente no se librarán cuando a cada uno le llegue su juicio final.

En realidad el Papa ha aterrizado en el moridero del comunismo. El último ghat que les queda y donde, como en Benarés, la ciudad Santa donde los hindúes van a morir a orillas del Ganges, los Castro y sus hombres gestionan el tránsito de un cambio, pero antes quieren garantizar que el inevitable tsunami no se los llevará por delante. A fin de cuentas, ellos ya no estarán en la hora cero que le espera a un pueblo depauperado después de 53 años de sequía económica y espiritual. O sea, la (anti) parábola de «después de nosotros, el diluvio», en la que Raúl y Fidel han sustituido a Madame Pompadour y a Luis XV.

Al tanatorio ideológico se ha sumado Hugo Chávez, cuyo desahucio físico es la expresión de la muerte próxima de su socialismo del siglo XXI. Otro engendro colectivista que nació enfermo y tarde. Paradójicamente, el discípulo de Fidel se ha refugiado en La Habana para huirle a la de la guadaña y en busca de un milagro. Pero ya es demasiado tarde. Ratzinger ha venido a repartir los santos óleos. Que Dios los coja confesados.

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